El Sol es el origen de todas las formas de energía existentes de la tierra y elemento imprescindible para la vida en nuestro mundo.
Desde el siglo pasado el análisis espectral nos ha permitido detectar en él prácticamente todos los elementos conocidos en la Tierra, sobre todo hidrógeno y helio.
Hasta hace pocos años no se reveló de él todo el misterio, ya que hay que tener en cuenta que una combustión normal no puede explicar la energía solar ni su indefinida perduración.
Hans Bethe determinó dos tipos de reacción nuclear que operan en el interior de una estrella.
Una de ellas se basa en la fusión de hidrógeno en helio mediante la presencia catalítica del carbono y el nitrógeno.

El Sol es un gigantesco reactor termonuclear, cuya energía nos es indispensable. El interior del Sol nos es conocido gracias a cálculos teóricos: se cree que su composición es homogénea y que la temperatura puede llegar a alcanzar en su centro de quince a veinte millones de grados centígrados (ºC).
En la superficie del Sol se desarrollan tempestades que originan las fáculas y las manchas; la ebullición es continua. Por encima de la fotosfera se halla la cromosfera, capa de gases enrarecidos, y todo el Sol queda envuelto en una nube brillante de átomos ionizados.

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